Descubre cómo el amor y la ciencia posicionan a JOHNSON’S® como la marca Nº 1 en cuidado de la piel del bebé”, se puede leer en la web de Johnson’s Baby. Y es que desde hace décadas uno de los básicos en el cuidado de bebés ha sido (y es) su famoso champú “No más lágrimas”. La potente multinacional farmacéutica estadounidense Johnson & Johnson tiene en los productos para bebés (champús, aceites y talcos) una de sus marcas más populares. Pues bien, en este texto vamos a desgranar, lo más resumidamente posible, los motivos para desmontar la “inocente e idílica” imagen de este mítico champú, otros productos de la marca y las prácticas del conglomerado Johnson & Johnson.

Desde el 2014 comenzó a aparecer en la etiqueta del champú para bebé JOHNSON’S® Baby un escueto “Fórmula mejorada”. Esta reformulación del champú supuso la eliminación del cuaternio-15 (Quaternium-15), la rebaja de los niveles de dioxano 1,4 (1,4-dioxane) y la adición de nuevos conservantes como el fenoxietanol (Phenoxyetanol). En el año 2009, un análisis de la coalición de asociaciones Campaign for Safe Cosmetics halló que los niveles de 1,4-dioxane en muchos productos para bebés eran superiores a los límites máximos establecidos. A este informe le siguió una campaña de boicots y cartas exigiendo a Johnson & Johnson la eliminación de varios tóxicos de sus productos, especialmente el mencionado 1,4-dioxane y el formaldehido. Lo más curioso de estas dos sustancias es que no aparecerán nunca en un listado de ingredientes. El 1,4-dioxane se encuentra como subproducto de alguno de los siguientes ingredientes: PEG-100 stearate, Sodium laureth sulfate, Sodium myreth sulfate, Ceteareth-20 y Polyethylene. El formaldehido es liberado por conservantes como Quaternium-15, DMDM hydantoin, Imidazolidinyl urea y Diazolidinyl urea. Tras tres años de peticiones, publicidad negativa y amenazas de boicot, Johnson & Johnson accedió en 2012 a eliminar estos dos ingredientes, considerados probablemente carcinógenos para humanos, a más tardar en 2015. Si bien, como acabamos de comentar, modificó en 2014 la fórmula de su champú para bebés, Johnson & Johnson tiene pendiente todavía corregir las fórmulas de sus productos para adultos, incluyendo algunas de sus marcas como Neutrógena, Aveeno, RoC, Lubriderm o Clean & Clear. A día de hoy, en su web corporativa, aparecen como pendientes (a finalizar a lo largo de 2016), la eliminación de los parabenes y los ftalatos de sus productos para bebés.

¡Vaya!, leído lo anterior podríamos concluir que, aunque tarde, Johnson & Johnson ha decidido rectificar e ir por el buen camino… Pues no, no es así. Eliminar tóxicos para sustituirlos por otros no es una gran noticia. La inclusión del Phenoxyetanol en su champú para bebés es bastante desacertada. Este conservante está considerado alergénico, irritante, neurotóxico e inmunotóxico. En 2015, la Comisión Europea emitió un informe en el que decía lo siguiente: “La concentración máxima autorizada (actualmente del 1%) de Phenoxyethanol para su uso como conservante debe reducirse al 0,4% en productos cosméticos para niños menores de tres años. Además, el Phenoxyethanol no debería usarse en productos cosméticos para el área del pañal.” ¿Adivináis que producto de Johnson & Johnson, aparte de su champú “No más lágrimas”, lleva Phenoxyethanol? Sus toallitas para bebé extra sensitivas.

Continuamos con el aceite Johnson’s para bebé. Su fórmula es en un 99% parafina líquida, un aceite mineral derivado del petróleo. Este aceite, muy barato de producir, tapona los poros, no deja respirar a la piel y puede producir dermatitis de contacto.

Y pasamos a uno de los productos que más quebraderos de cabeza le está dando a la compañía en los últimos tiempos: los polvos de talco para bebé. Este año 2016, Johnson & Johnson ha perdido tres demandas de mujeres que contrajeron cáncer de ovario tras años de uso del talco en el área genital. Esto le ha supuesto a la compañía el pago de 127 millones de dólares en indemnizaciones. Y lo que puede estar por venir, ya que se acumulan por miles las demandas. Un memorándum interno de Johnson & Johnson decía en 1997 que “cualquiera que niegue los riesgos” entre el uso de talco y el cáncer de ovario sería percibido públicamente como aquellos que negaban el vínculo entre el tabaco y el cáncer. Según el consultor se trataba de un caso de “negar lo obvio teniendo toda la evidencia sobre lo contrario”. La Agencia Internacional para Investigación del Cáncer, que es parte de la Organización Mundial de la Salud, clasifica al talco como “posible cancerígeno para humanos”. Tal y como cuenta Sara Werner en La Vanguardia, en 1971, el director médico de Johnson & Johnson, el Dr, G.Y. Hildick-Smith rechazó el primer estudio que advertía de los peligros del talco ya que se habían identificado partículas de talco en cánceres de ovario. En 2003, un meta-análisis publicado en Anticancer Research confirmó que el uso de este producto aumentaba el riesgo de cáncer de ovario en un 33%. En 2005, un estudio de investigadores de Escuela de Medicina de Pittsburgh concluyó que las mujeres que evitan el talco en la higiene genital tienen menos probabilidades de desarrollar cáncer de ovarios. Este 2016, un estudio del Brigham and Women’s Hospital de Boston concluía que la aplicación del producto en los genitales aumenta en un tercio el riesgo de cáncer de ovario.

En 2013, la Food and Drug Administration de India retiró la licencia a Johnson & Johnson India tras hallar en 15 lotes de polvo de talco para bebés la presencia de óxido de etileno, sustancia carcinógena e irritante. El óxido de etileno era usado para esterilizar el producto, pero una mala práctica provocaba que el producto final saliese a la venta con residuos inaceptables de la sustancia.

Los casos de negligencia, sobornos y mala praxis de Johnson & Johnson son demasiados como para listarlos todos aquí. Seleccionamos unos pocos más:

  • En 2010 se supo que Johnson & Johnson pagó decenas de millones de dólares en sobornos para que los asilos de ancianos prescribieran a más pacientes un medicamento nuevo contra la esquizofrenia, así como otras medicinas, para aumentar las ventas de la compañía.
  • En 2011, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) multó con 70 millones de dólares a Johnson & Johnson por sobornos fuera de Estados Unidos. La empresa había estado sobornando a médicos públicos en varios países europeos para prescribir sus productos. Algunas filiales de Johnson & Johnson también pagaron sobornos en Irak para obtener 19 contratos en el marco del Programa de Naciones Unidas de Petróleo por Alimentos.
  • En 2013, Johnson & Johnson acordó con el Departamento de Justicia de EEUU el pago de una multa de más de 2.200 millones de dólares. El acuerdo fue uno de los más onerosos de la historia de Estados Unidos contra una empresa del sector sanitario por fraude. Los cargos eran “la promoción de usos no aprobados como seguros y eficaces por la Agencia que regula los medicamentos en EEUU, la FDA, y el pago de sobornos a los farmacéuticos y médicos para que prescribiesen Risperdal, Invega y Natrecor para estas indicaciones”.
  • En marzo de 2016, Johnson & Johnson fue condenada al pago de 500 millones de dólares en un caso sobre unas prótesis de cadera defectuosas. La compañía había cesado la venta de sus implantes defectuosos en 2013, y procedido al pago de 2,5 billones de dólares para resolver más de 7.000 demandas.

Para finalizar, hacemos zoom y nos acercamos a una de las últimas noticias que ha protagonizado Johnson & Johnson en España: el despido de casi 200 trabadores en marzo de este año. En 2009 ya había despedido 500 empleados en nuestro país. El “neolenguaje neocon” no tiene reparos en generar situaciones como esta: a la vez que Johnson & Johnson pone en marcha un proyecto que lleva como lema Stronger Together (juntos somos más fuertes), anuncia el despido de 3.000 trabajadores en todo el mundo.